El ascenso al Aconcagua es, entre otras cosas, una gran satisfacción personal o grupal. En base a esto es que tiene que disfrutarse lo máximo posible. Para ello se tiene una base de reglas o de recomendaciones a tener en cuenta a la hora de la comenzar.
Se puede asegurar que disfrutar una experiencia de ascenso a la montaña depende en gran medida del grado de preparación previa alcanzado. Ello puede mejorar notablemente las probabilidades de éxito e incrementar su margen de seguridad, disminuyendo las probabilidades de enfermedad o accidentes y evitando el sobreagotamiento al final de cada jornada. Por lo tanto es importante insistir en el hecho de optimizar el estado físico.
Lo primero a tener en mente es que se vive en un mundo lleno de actividad, y honestamente, si no se adopta a la actividad física como parte del diario vivir no podremos estar en buen estado físico. Se puede ser creativo en cuanto a cómo lograrlo, pero siempre teniendo en cuenta que nuestro criterio debe ser consistente para que el organismo y los tejidos reciban constante estímulo de modo que con el tiempo los efectos se produzcan.
Cuando uno llega al Aconcagua, se siente demasiado atraído por todo lo que significa estar ahí, pero debe ser el momento para tranquilizarse, tener todo preparado y mantener un ritmo lento para favorecer
la aclimatación y así lograr conocer la cima. Una vez instalados en Plaza de Mulas, se recomienda realizar caminatas por los alrededores, favoreciendo así la aclimatación adecuada. En Plaza de Mulas se recomienda pasar entre 4 y 5 noches como mínimo. También se puede portear (trasladar) equipamiento hasta un campamento mayor y regresar a dormir a Plaza de Mulas.
Entre las personas de 30 y 45 años de edad es más previsible una buena aclimatación, explicado por el estado de madurez del sistema nervioso. Cabe destacar que la aclimatación no sólo esta dada por la edad sino que depende de una innumerable cantidad de factores, mayormente no controlables. Incluso a algunas personas se les recomienda reposar de 1 a 3 noches en Puente de Inca, para luego iniciar la expedición respirando ya a esta altura.
Estando bien aclimatada, una persona puede realizar la ascensión final haciendo noche en otros campamentos base como Berlín, Nido de Cóndores, Independencia, Canadá, etc.

Es también muy importante considerar en qué consiste el entrenamiento. “Entrenamiento Específico” es el concepto clave aquí y se refiere a la relación que guarda el entrenamiento con el tipo de actividad física a desarrollar, cuanto más específico mejor. Se debe pensar en las actividades que podrían mejorar la escalada en la montaña, como subir y bajar superficies inclinadas, técnicas de escalamiento empleando las cuatro extremidades, etc. Es muy conveniente realizar este tipo de ejercicios.
En este sentido es importante considerar que muy probablemente siempre se va a estar escalando con una carga en las espaldas. Por supuesto, cualquier entrenamiento adecuado para la función cardiovascular es mejor que ninguno y a veces se debe hacer aquello que es más práctico; pero ser específico en el entrenamiento prepara de mejor manera el funcionamiento cardiovascular, pulmonar, muscular y, lo más importante, el sistema metabólico. Al mismo tiempo, habitúa a tendones y ligamentos al trabajo que van a realizar al escalar, reduciendo la posibilidad de sufrir algún daño.
Estas son algunas sugerencias, pero no hay que limitarse a ellas:
1. Entrenar para desarrollar energía con actividades como correr, hacer bicicleta, esquiar o practicar caminatas rápidas. Variar la rutina para prevenir heridas por el exceso de ejercicio.
2. El entrenamiento progresivo con pesas provee resistencia. Ello mejora el metabolismo anaeróbico que alimenta mucho el trabajo muscular, el cual está alimentado por los carbohidratos almacenados en el organismo y no requieren metabolizar oxígeno adicional.
3. Ejercitar en montaña o escalones cargando una mochila. Comenzar con poco peso y aumentarlo gradualmente. No correr cargando peso.
4. Entrenar tan a menudo como sea posible; esquiando, escalando montañas, excursionando
todo el día, en fines de semana o jornadas más largas. Debe entrenarse para aquello que va a realizar. Para ser un buen escalador de montañas altas con una mochila pesada se debe comenzar con pequeñas montañas y con una pequeña mochila e ir incrementando ambos paulatinamente. Entrenar escalando es lo mejor que se puede hacer, logrando cada día mejorar el desenvolvimiento en terreno montañoso. Las mochilas tienden a cansar a la
mayoría de los escaladores y nunca se debe esperar adaptarse a escalar con carga mientras ya ha comenzado la expedición.
5. Estar mentalmente preparado para la expedición. Antes de comenzar es bueno comprender que muchas veces se va a estar incómodo, puede ser que se deba estar en una escueta carpa sin tener nada para hacer durante un par de días a la espera de que cese una
tormenta, seguramente se experimenten síntomas poco agradables por la altura y entender que se estará dejando las comodidades del hogar para experimentar un desafío único en una montaña difícil. Hay que trabajar la paciencia y el tezón. Largas jornadas esperan, hay que preparar la mente para ello.
6. Trabajar en conocerse a sí mismo. Analizar y reconocer en uno mismo los puntos débiles, límites y motivaciones.
7. Una buena dieta no se puede subestimar. Investigar cuál es la que más conviene al propio organismo lo cual ayudará a desarrollar energía y fuerza. Hay muchos libros y artículos con los cuales informarse y también nutricionistas especialistas en dietas para deportistas.
No hay que olvidar que el descenso adquiere casi la misma importancia que al ascenso, ya que se han perdido muchas fuerzas por el esfuerzo de ascensión, es justo el momento para concentrarse y así para poder festejar el fin de la expedición.
Una de las causas fundamentales de los fracasos en el intento de lograr la cima, es sin duda, la subestimación del cerro. Al igual que la subestimación de los síntomas de mal de altura como el dolor de cabeza, las náuseas, etc. Se debe recordar que hasta el andinista más calificado puede sufrir o padecer estos síntomas.

Ingerir líquidos en abundancia ayuda a la aclimatación, se deben tomar de 3 a 5 litros de líquido por día por persona.
No se auto-medique, no consuma diuréticos u otros medicamentos sin autorización del médico.
Los medicamentos usualmente sólo esconden los síntomas y cuando se detecta el edema es muy tarde. Los medicamentos que usualmente se utilizan en otras montañas normalmente agravan el panorama general. Ante cualquier duda consulte al médico o avise al servicio de Guardaparques.

